Padres hiperconectados: hijos solos.

 

La queja frecuente de muchos padres es que sus hijos viven conectados a sus celulares o a sus video juegos, que poco o nada ponen atención a lo que se les dice y que pedirles algo en ese momento es prácticamente imposible.

Pero hoy en día está surgiendo fuertemente un fenómeno no menos preocupante: “Padres hiperconectados”.

 

Adultos distraídos.

Sin darse cuenta muchos adultos han volcado su tiempo y su atención a una pantalla. Hay varios artículos que dan cuenta del surgimiento de niños con falta de atención de sus progenitores por esta “parentalidad distraída”.

Surge así la no menos triste denominación de “niños moscas”, esos que deambulan por todas partes sin atención, sin que nadie los note y con la sentencia de que si “molesta” le pedirán que se vaya a otra parte o peor le “prenderán una pantalla” para ignorarlo.

La mayoría de los padres que se sienten identificados suelen comentar que no habían tomado conciencia de este fenómeno, que en más de alguna oportunidad esta conducta ha sido parte de la manera en que se relacionan en la familia.

Una ejemplo claro se puede encontrar en las plazas infantiles, generalmente hay muchos niños jugando. La mayoría de los adultos que está cerca de ellos para supervisarlos, está pegado a su pantalla, revisando su instagram, su wasap o su mail.

De vez en cuando levantan la vista para ver si el pequeño sigue allí. No hay interacción al momento de jugar, no hay contacto visual, no hay diálogo.

 

Cambiando la oficina física para estar hiperconectados.

Hoy en día y gracias a la tecnología para muchos padres es factible trabajar a distancia y permanecer conectados a su trabajo, sus clientes, sus obligaciones sin tener que estar presentes en todo momento. Se supone que este avance liberaría más tiempo para estar con los niños, para ir a recogerlos al jardín, asistir a una presentación al colegio o acompañarlos a una plaza de juegos. En resumen más tiempo para la vida familiar.

Sin embargo pareciera que la necesidad de estar “hiperconectados” ha reducido el acompañamiento a algo meramente físico. Como si la figura paterna o materna con el solo hecho de estar ahí cumpliera su labor por osmosis.

Sucede entonces que hoy en día se está hablando de que falla la conexión emocional, muchos padres no interactúan con los niños, no hacen ni responden preguntas, no estimulan la imaginación, no hay cantos, no hay adivinanzas.

No hay, para muchos niños, un correcto desarrollo del lenguaje, por nombrar solo alguno de los problemas que acarrea la falta de exposición a la comunicación de un niño en período de aprendizaje .

 

El niño aprende imitando a sus padres.

Es parte del desarrollo de un niño imitar  conductas y comienza con los adultos que tiene más cerca: sus padres.

Eso si, el niño aprende lo bueno y malo que sus progenitores le trasmiten.

Son como esponjas que captan todo en su entorno y luego imitan, gestos, preferencias y hasta la forma de caminar, incluso entenderán y replicarán aquellas formas no verbales de comunicación.

Si el celular está siempre entre nosotros y el resto del mundo, también lo imitarán y entenderán que son menos importante que esa pantallita.

Cuando un padre privilegia su pantalla por sobre la conexión con el pequeño, no solo lo está postergando, también le está privando del contacto visual, algo fundamental para que un niño aprenda a leer señales y para que un padre conozca las diferentes emociones y reacciones que expresa su hijo.

La orfandad emocional puede traer repercusiones no solo en las relaciones que los hijos desarrollan posteriormente, sino también de salud.

 

La regulación y la autorregulación:

Muchos psicólogos y psiquiatras, educadores y estudiosos han manifestado la importancia de regularle a los niños desde su primera infancia la exposición a la pantalla.

Incluso personajes como  Bill Gates, Steave Jobs los creadores de toda esta revolución digital, regularon permanentemente el uso de pantallas en sus hijos y familias.

Lo que debemos comprender es que esto también corre para los adultos y que en casa las reglas deben existir y estar delimitadas para que niños y padres puedan relacionarse en un ambiente sano y libre.

No se trata de demonizar la pantalla, ésta puede ser muy útil tanto en el aprendizaje y estimulación para niños y de mucha utilidad para padres.

La consigna más bien es no anteponerla a nuestra relación familiar y privilegiar el refuerzo emocional. Cobra valor la conversación, el mirarse a los ojos, o jugar y divertirse en el patio de la casa o en una plaza.

Un abrazo, una conversación aunque sea cortita o muy sencilla, un juego juntos o una sonrisa y un beso siempre va a ser más relevante en la cuenta emocional de un hijo que la última consola o el mejor celular.

Eso corre también para los padres hiperconectados.

Recuerde: el tiempo vuela y no vaya a ser cosa que en un abrir y cerrar de ojos su hijo o hija ya haya crecido y usted solo lo vio a través de Instagram.

 

 

Schilkrut

 

 

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